Discurso de apertura

Por Alejandro DeCinti

Berlín. Posiblemente algunos recordarán la exposición anterior «Nave de Necios», donde desarrollé la metáfora de la navegación y del naufragio como la vida semejante a un mar lleno de abismos, peligros, maravillas, de viajes felices y desgracias. Justamente en este proceso de creación que dura cuatro años, descubrí nuevos aspectos de la historia, cultura, filosofía y religión que me fueron permitiendo reencontrarme con mi propia identidad y la relación con la realidad a la que pertenezco desde una perspectiva completamente inesperada. Fue tornando forma así este gran ciclo que continua ahora con la mitología occidental y que se confrontara seguidamente con la mitología americana en especial chilena a través del poema épico “la Araucana”.
Ovidio, a través de su obra inmortal “Las Metamorfosis” nos dió algunas de las formas de los mitos más acabadas en cuanto a perfección y belleza poética.
En la mitología occidental grecorromana se encuentran escondidas infinitas claves que orientan y posibilitan la construcción de la individualidad humana desde los aspectos irracional e inconsciente del si mismo del hombre individual y colectivo.
En contraposición a la razón iluminadora, nuestra época contemporánea con avances tecnológicos y descubrimientos científicos maravillosos, ha devenido en un progresivo materialismo creciente, muy decisivo en nuestras vidas, con la consecuente pérdida de los valores espirituales que dan forma y contenido a la existencia humana, las mitologías antiguas han permitido a nuestra especie intuir un camino que va más allá de la orilla superficial de los fenómenos, hacia adentro de este océano de lo incomprensible donde se revela el ser del mundo.
Desde hace ya un par de siglos se producen neomitologías, copias incoherentes y reinvenciones desprovistas de contenidos trascendentes que inundan en forma de entretención nuestro imaginario colectivo contemporáneo en películas, historietas y videojuegos. Mi intención ha sido ir tirando del hilo de la auténtica cultura y redescubriéndola, para mí mismo sobretodo y por extensión al público, en su insigne resplandor para proporcionar nuevas herramientas para ese necesario acercamiento al si mismo y toda nuestra profunda humanidad.

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